En una empresa que crece, los números están en muchos lados. Para saber cómo vas, esperás el cierre, pedís un reporte o dependés de alguien que sabe dónde buscar. Y cuando algo cambia, te enterás tarde. Numix ERP es el sistema de gestión que te contesta.
Está en todo el sistema, trabaja sobre los datos de tu empresa y con los permisos de cada persona.
En más de 130 pantallas escribís «facturas vencidas de más de 30 días en dólares» y el filtro se arma solo, contra la base, con paginación y exportación. La IA nunca escribe SQL: traduce el pedido a un filtro que el sistema valida campo por campo.
Arrastrás la factura del proveedor y Numix la convierte en la compra: lee el QR de DGI, identifica cada artículo entre los que ya comprás —nunca inventa uno— y detecta duplicados. Vos revisás y confirmás.
Cada listado revisa sus números y resalta, como mucho, las dos celdas que se salen de lo normal, diciendo por qué: el precio cargado con un cero de más, la cantidad que no se parece a ninguna otra. Corre en el navegador, al instante y sin gastar IA.
Cada empresa elige Gemini, OpenAI, Claude o Grok con su propia clave. Sin depender de un único proveedor ni pagar sobrecostos ocultos. Y se conecta por MCP con tus propias herramientas.
Un programa para facturar, otro para sueldos, una planilla para las importaciones. Y alguien pasando datos de uno a otro. Numix ERP es uno solo, y todo trabaja sobre los mismos datos.
El núcleo
Los agregados, cuando hacen falta
Le preguntás a Numix escribiendo o hablando, en español, inglés, portugués o el idioma en que te sientas cómodo. Y te responde al momento, con los números de tu empresa.
Y no espera a que preguntes: si algo se sale de lo normal, te avisa en la misma pantalla y te dice qué conviene hacer.
Y no sólo contesta: opera. Arma un pedido, carga una compra, programa una tarea. Cada escritura espera tu confirmación, queda auditada, y las últimas cinco de cada persona se pueden deshacer.

Agregás los campos que necesites en clientes, artículos, documentos y líneas. Se terminó el «el sistema no permite guardar eso».
Los circuitos se arman a tu medida: qué pasos sigue cada documento, quién aprueba y qué pasa al aprobar.
Y los precios salen de tus fórmulas: por familia, por grupo o por artículo. Todo se configura, sin desarrollos a medida.

Más de treinta cubos de análisis en línea: ventas, compras, cobranzas, stock e importaciones.
Cruzás lo que quieras —por familia, cliente o mes— y lo ves en tabla o en gráfico, al momento.
Y el stock está siempre al día, en cada depósito, sin esperar los reprocesos de la noche.
El tablero trae más de 300 indicadores, y ninguno se publica sin su «¿por qué importa?»: qué mide, qué significa que se mueva y qué conviene revisar. Cuando no hay datos confiables dice «sin evaluar», nunca «todo bien».

Vender es la mitad del trabajo. La otra mitad es cobrar.
Numix te muestra qué vence y qué está vencido, cliente por cliente, con el saldo de cada uno. Cada gestión de cobro queda registrada: la llamada, la promesa de pago y la fecha comprometida. Nadie se queda sin seguimiento.
Y los avisos salen por correo y por WhatsApp desde el mismo sistema, con cada envío seguido en su cola.

Un ERP guarda la información más sensible de la empresa. Numix se diseñó partiendo de esa responsabilidad.
El resumen de atrasados, el control de cuentas, el correo al gerente. Lo explicás una vez con tus palabras y queda guardado como un guion. Lo programás —por ejemplo cada viernes a las nueve— y corre solo, aunque nadie se acuerde. Cada corrida queda registrada con su resultado.
El problema de la plata casi nunca es de hoy: es el día en que vence un pago grande y la cobranza no alcanza. Numix proyecta tu saldo día por día con todo lo que va a entrar y salir —lo que te deben, lo que debés, los cheques y las tarjetas—, hasta los cupones que todavía no te liquidaron. Si se acerca un día en rojo, lo ves semanas antes y con lo que lo provoca.
En el local, el cliente pregunta un precio o si hay en otro color, y el vendedor tiene que ir hasta la caja. Ahí se enfría la venta. Con Numix recorre la tienda con el celular: busca el artículo, ve precio y stock, arma el carrito al lado del cliente y cobra ahí mismo o lo pasa a la caja. La factura electrónica sale sola.
Cuando muchas personas trabajan en el mismo sistema aparece la pregunta: ¿quién cambió esto? Cada persona tiene su línea de tiempo —qué hizo, en qué pantalla y a qué hora— y cada cambio guarda el valor anterior y el nuevo. Cuando cerrás un mes lo bloqueás, y nadie toca lo que ya se presentó.
Si manejás más de una empresa, cada una con su sigla y su color, dentro del mismo Numix. Sin volver a entrar ni cambiar de programa.
Tus clientes reciben comprobantes y avisos por correo y por WhatsApp desde el mismo sistema, y cada envío se sigue en su cola: qué salió, qué falló y qué falta reenviar.
Paleta de comandos con Ctrl+K, favoritos y recientes: cualquier pantalla a dos teclas. Las pantallas quedan abiertas al cambiar de tarea y avisan antes de perder cambios. Y la sesión no se corta en medio del trabajo: se renueva en el lugar. Contraste accesible, modo claro y oscuro, y anda en el celular.
Los adjuntos pueden vivir en el servidor de Numix, en una carpeta de red, en Google Drive, OneDrive, Dropbox, S3, Azure o Google Cloud. Cada empresa elige, y puede mudarse después sin perder nada.
Es un sistema web: las mejoras llegan a todos los usuarios a la vez, sin instalar nada en ninguna computadora y sin un día de corte.
Una modalidad base y módulos opcionales —punto de venta, depósito, portal, auditoría, activo fijo, tienda web— que se suman cuando hacen falta.
Período de prueba y una empresa de demostración con dos años de datos reales, para aprender antes de cargar los propios.
Migrador desde los sistemas Kore con conteos verificados, y el acompañamiento de Numina en la puesta en marcha.
Contanos qué necesitás y te mostramos Numix funcionando con un caso parecido al tuyo.